Apenas el auto se detuvo frente a la casa, Danna abrió la puerta y salió sin esperar a que Tom la acompañara. Sentía la cabeza pesada, el pecho oprimido y un cansancio que parecía venirle desde los huesos.
Tom la siguió, cerrando la puerta del coche con más fuerza de la necesaria.
Entraron a la casa en silencio. Las luces del salón estaban apagadas, solo la luz tenue de la lámpara del pasillo iluminaba el ambiente.
—Danna —dijo Tom secamente mientras ella dejaba la cartera sobre la mesa y