Episodio 49
Apenas el auto se detuvo frente a la casa, Danna abrió la puerta y salió sin esperar a que Tom la acompañara. Sentía la cabeza pesada, el pecho oprimido y un cansancio que parecía venirle desde los huesos.

Tom la siguió, cerrando la puerta del coche con más fuerza de la necesaria.

Entraron a la casa en silencio. Las luces del salón estaban apagadas, solo la luz tenue de la lámpara del pasillo iluminaba el ambiente.

—Danna —dijo Tom secamente mientras ella dejaba la cartera sobre la mesa y se dirigía rumbo a la habitación—. ¿Por qué no me contaste sobre las entregas con John?

Ella se detuvo, pero no se giró. Cerró los ojos un instante, intentando contener la presión en la garganta.

—No tengo ganas de hablar, Tom —murmuró con la voz rota.

Y siguió caminando.

Tom la observó desde el pasillo, frunciendo el ceño. Algo en su postura, en la manera en que sus hombros temblaban ligeramente, lo dejó inquieto, pero no lo suficiente como para seguirla.

Danna entró en la habitación
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