La casa olía a flores caras y a perfume fuerte, todo demasiado perfecto, demasiado atento para esconder lo incómoda que realmente estaba Danna allí. Entraron al comedor, donde ya había una mesa larga preparada: candelabros, platos dorados, copas de cristal tallado.
Danna tomó asiento a la derecha de Tom. La madre de él se sentó frente a ellos, con expresión satisfecha mientras los evaluaba a ambos.
—Me alegra muchísimo que Danna esté trabajando con mi hermano John —dijo la mujer sirviendo vino