—Entonces —dijo Cecilia Ray con una sonrisa que pretendía ser amable, cambiando de tema—, Danna… ¿cómo te sientes trabajando en la joyería?
John se recostó en la silla, cómodo. Demasiado cómodo.
Danna levantó la mirada despacio, atrapada entre ambos.
—Bien, señora… —comenzó, suave, intentando sonar normal—. Estoy aprendiendo mucho, y…
—Mucho —repitió John, interrumpiendo con intención.
Ella cerró los labios, nerviosa.
La mujer sonrió.
—Bueno, Danna, cuéntame, ¿qué parte del trabajo