Danna abrió la puerta de la casa con los hombros caídos, todavía con el pulso alterado por lo ocurrido en la joyería, por lo que John le había dicho en el auto, por esa sensación de estar atrapada entre dos fuegos que no dejaban de quemarla.
La casa estaba silenciosa, pero no por mucho tiempo.
Apenas dio dos pasos hacia la sala, escuchó el sonido firme de unos zapatos masculinos acercándose desde el pasillo. Tom aparecía abrochándose los últimos botones de una camisa negra perfectamente plancha