El aire olía a metal, humedad y gasolina vieja. El enorme almacén se extendía como una sombra colosal en la zona industrial, lejos de cualquier mirada curiosa. Afuera, el sol apenas iluminaba las láminas oxidadas del techo, pero dentro solo había penumbra y el sonido lejano de unas gaviotas.
Dos camionetas negras estaban estacionadas en el centro del lugar. Tres hombres descargaban cajas marcadas con símbolos que nadie fuera del negocio se atrevería a tocar.
Tom caminaba entre ellas con las ma