El cielo estaba despejado cuando Tom llegó a casa, como si el día no presintiera el tipo de decisiones que él ya había tomado por los dos. Aparcó el coche frente a la casa y permaneció unos segundos con las manos en el volante, clavando la mirada en la puerta delantera. Tenía que borrar de su rostro cualquier rastro de la conversación en el almacén, cualquier sombra de la amenaza velada de su tío.
Tenía que volver a ser el Tom que Danna reconocía… o al menos, el que ella creía reconocer.
Res