Danna terminó de abotonarse la blusa con dedos temblorosos, intentando no hacer ruido, como si eso evitara que Tom se irritara. Había dormido pésimo. Entre la discusión feroz después del cumpleaños de su padre y la manera en que Tom la obligó a aceptar esa cita médica… sentía un peso en el pecho que le impedía respirar con normalidad.
Al bajar las escaleras, Tom la esperaba junto a la puerta, impecable: camisa planchada, cabello perfecto, expresión tranquila. Esa calma en él nunca era buena se