La mesa estaba servida y todos conversaban animadamente.
Tom se sentó al lado de Danna…
demasiado pegado, como si quisiera marcar territorio.
Durante toda la cena:
—Le servía la bebida antes de que ella pudiera hacerlo.
—Le cortaba la comida en el plato “para ayudarla”.
—Le acomodaba la silla.
—Le pasaba la mano por la espalda cada pocos minutos.
Para cualquier espectador, parecía un esposo dedicado.
Atento.
Encantador.
Pero para Danna, cada gesto tenía un mensaje oculto:
No hables más de lo necesario.
No te muevas sin que yo lo note.
Estoy aquí. Siempre aquí. Mirándote.
Su hermano, sin saberlo, hizo un comentario inocente.
—Danna, deberías venir más seguido a casa. Casi no te vemos.
Tom se tensó.
Solo un segundo.
Pero ella lo sintió.
—Ah… es que hemos estado ocupados —respondió Danna rápido.
Tom sonrió.
—Sí, hemos estado centrados en nuestra vida de pareja. Quiero cuidar a mi esposa, ya saben cómo es. A veces se distrae demasiado —dijo Tom, con tono suave… pero con un filo que solo e