Parecía una tarde normal.
Una tarde familiar.
Una tarde feliz.
Pero la felicidad es frágil.
Y ese equilibrio se rompería apenas Tom cruzara la puerta.
Danna sintió un escalofrío.
Como si una sombra invisible se acercara por detrás de ella.
Como si el aire empezara a tensarse.
Como si su cuerpo, antes de su mente, supiera que la paz que veía a su alrededor estaba a punto de romperse.
La tarde avanzaba tranquila en la casa de sus padres.
La música suave, el olor a comida, las risas en la sala…
Todo parecía un pequeño respiro para Danna.
Un paréntesis.
Una pausa en su tormenta.
Ella estaba terminando de acomodar las bandejas de comida junto a su madre cuando escuchó el sonido de un coche llegando.
Su corazón se detuvo un segundo.
No necesitó asomarse.
No necesitó que nadie anunciara nada.
Ella sabía perfectamente quién había llegado.
Tom.
La casa entera parecía sentirlo también.
El ambiente cambió.
Algo se tensó.
Algo invisible oscureció el aire.
—Debe ser Tom —dijo su hermano desde la s