El mármol negro del baño parecía absorber la luz tenue, creando una atmósfera que oscilaba entre lo solemne y lo pecaminoso.
Daniela se quedó allí, con el cepillo de madera apretado en la mano, observando la espalda de Elliot.
El hombre que acababa de ofrecerse como su sacrificio personal para drenar la rabia del día estaba allí, expuesto, desafiando cada una de sus inhibiciones.
"Tiene uno de esos culos perfectos, duros y redondos que solo se ven en los atletas de élite o en las estatuas clá