El aire en la parte trasera de la tienda era distinto al de la entrada.
Si la recepción era una joyería de lujo, el pasillo del piso superior era un santuario dedicado a la exploración más profunda de los sentidos.
Elliot no soltó la mano de Daniela mientras subían una escalera de caracol forrada en terciopelo negro, cuyos peldaños parecían absorber el sonido de sus pasos.
Al llegar arriba, se extendía ante ellos un pasillo largo, iluminado por luces LED indirectas que bañaban las paredes en