El eco del décimo golpe pareció quedar suspendido en el aire denso del baño, rebotando contra las paredes de mármol negro hasta extinguirse en un silencio sepulcral.
Daniela soltó el aire que no sabía que estaba reteniendo, sintiendo que sus pulmones apenas podían procesar el oxígeno cargado de feromonas.
Sus dedos, aún entumecidos por el esfuerzo de sostener el cepillo de madera, se abrieron lentamente.
El objeto cayó al suelo con un estruendo que le pareció una explosión en mitad de aquell