La llamada de la doctora Miller llegó como un susurro de cordura en medio del caos.
Había organizado una cita completamente privada en su consultorio personal, lejos de los registros del hospital central y de los ojos inquisidores de cualquier empleado de Elliot.
Daniela aceptó de inmediato, sintiendo que el aire le faltaba cada vez que intentaba procesar la magnitud de lo que crecía en su interior.
Al llegar al consultorio, el ambiente era aséptico y tranquilo.
La doctora Miller la recibió