Mundo ficciónIniciar sesiónDespués de cinco años de matrimonio en los que mi esposo trató peor que a un perro ignorado, decidí romper el contrato matrimonial, tomar mis cosas, y aventarle los papeles de divorcio a la cara. No necesitaba su dinero, ni mucho menos su desprecio. Y a pesar de que siempre lo amé, tenía que hacer un cambio en mi vida. Lo que no sabía es que ese cambio hizo que regresara arrastrándose en el suelo suplicando por tenerme de vuelta.
Leer másEMILIASi hace un año me hubieran dicho que estaría aquí, viviendo esta vida, quizá me habría reído con incredulidad, porque mi vida era muy distinta y estaba huyendo de Brando porque le había pedido el divorcio y estaba intentando forjarme una vida nueva. Sin embargo, no sabía todo lo que había pasado a mi alrededor.La noticia había explotado como dinamita en una habitación cerrada. Bastó un par de filtraciones y, en cuestión de horas, el amorío entre mi madre y el papá de Brandon estaba en boca de todos. No hubo rincón de la ciudad que no se llenara de murmullos; no hubo periódico, revista o programa de farándula que no dedicara espacio a diseccionar cada mínimo detalle del escándalo.Lo irónico era que yo ya estaba acostumbrada a que la prensa metiera sus narices en mi vida, pero esta vez la herida no era pública únicamente: era personal. Una de esas que no se curan con comunicados, sino que dejan cicatrices profundas en la intimidad de una familia.*Mi mamá comenzó a apagarse poc
BRANDONOrganizar la conferencia de prensa no fue tarea fácil. La lista de solicitudes de los medios era interminable, los rumores corrían como pólvora y todos querían una declaración, una frase, un titular jugoso. Pero Emilia no necesitaba titulares. Ella era el titular.Esa noche, las cámaras estaban listas. El salón, decorado con sobriedad y clase, rebosaba de periodistas, empresarios, accionistas, críticos y curiosos. Nadie sabía exactamente qué iba a pasar, pero todos sabían que no era una noche cualquiera.Sin embargo, me había prometido a velar por su bienestar. Me subí al estrado con un nudo en la garganta, con el corazón en calma pero el alma encendida. Respiré profundo. Y hablé.— Buenas noches. Gracias a todos por estar aquí —. El murmullo de la sala se apagó. Todos me prestaron atención. — He vivido engañado por mucho tiempo. Por personas que llamé familia, amigos, hermanos. Pero también he tenido la fortuna de encontrar el amor más puro, más real, y más valiente que podrí
BRANDONAdam estaba en arresto preventivo y mis abogados estaban en proceso de destrozarlo. No lo voy a negar, pero ver al que se supone que era mi mejor amigo tras las rejas, fue algo que me destruyó por completo, pues Adam era una persona con la que había convivido desde que tengo memoria. Bien que decía mi abuela que un nunca deja de conocer a las personas, y él era un claro ejemplo de ello. Regresé a mi casa con la pena atravesada en el pecho por el ciclo tan doloroso que estaba cerrando en mi vida. Era de noche, pero sabía que había llegado justo a la hora de la cena, tal como le había prometido a Emilia.Crucé el umbral de la puerta y lo primero que vi fue a mi mujer de espaldas, con un libro en la mano y un té humeando a un lado de ella. Un sentimiento de una satisfacción que nunca había experimentado. Algo que por primera vez en la vida me había dado la tranquilidad.— Estoy en casa, amor —. Dije con voz baja, pero firme.Se giró tan rápido que el libro casi se le cae. Sus oj
BRANDONLa puerta metálica se cerró tras de mí con un clic seco. El eco del cerrojo recorrió las paredes del cuarto de seguridad como un susurro siniestro.Adam tenía la cabeza gacha y apenas lo vi, sentí cómo la rabia me recorría los dedos, pero no se me notó. Hoy no iba a darle el gusto de verme furioso.Hacia apenas nos habíamos agarrado a golpes, porque se quería propasar con mi esposa, pero había cosas que tenía que resolver con él, más allá de una pelea.Estaba atado a una silla, los puños crispados, el rostro tenso, la camisa empapada en sudor por horas de encierro. Apenas me vio, soltó su veneno.— ¿Vienes a presumirme tu trofeo? —. Escupió, con una sonrisa torcida— ¿O solo a asegurarte de que me saquen esposado para que Emilia te mire como un p**uto héroe?Me acerqué sin apuro.Me senté frente a él con calma, descruzando los puños de mi abrigo, dejando que la tela hiciera ese leve crujido que me encantaba. Sonreí. No una sonrisa común. Era una de esas que nace sin alegría, pe
Último capítulo