EMILIA
Mi respiración se detuvo, pues alguien había ventilado mi más grande secreto. Noté las miradas en mí como si fuera una curiosidad en medio de un circo al que todos estaban yendo.
Las cámaras de los celulares estaban listos para grabar lo siguiente que diría ¿Quién había dicho mi más grande secreto a los cuatro vientos?
Los susurros flotaban como una suave brisa que amenazaba con convertirse en huracán. Los rumores caían sobre mí como una avalancha sin freno. Sentí la espalda helada porqu