BRANDON
Las manecillas del reloj se arrastraban con una lentitud insoportable. Eran las siete con cincuenta y tres minutos de la tarde y yo seguía dando vueltas por la oficina como un maldito basilisco echando fuego por todos lados.
— ¡Quiero los guiones de las tres siguientes películas en este momento! —Le grité a mi asistente.
— ¡En seguida voy, señor Moretti! —Dijo la pobre mujer con la voz temblorosa por el humor de perros que me estaba cargando—. Hay tres guiones, uno es de Bishop Moon.