BRANDON
No había razón para quedarme en esa maldita gala. No le veía sentido cuando últimamente no soportaba a la gente. Las copas estaban llenas de hipocresía y las sonrisas, más falsas que las promesas de una campaña política. Y aun así, ahí estaba yo, con la espalda recta, los hombros tensos y el corazón ardiéndome en el pecho, como si alguien hubiera encendido una bengala dentro. Porque era el maldito Brandon Moretti, el hombre más poderoso de la industria del entretenimiento.
Sin embargo, e