La celebración que siguió a la ceremonia fue una mezcla perfecta de elegancia rústica y alegría desbordante. Bajo una carpa abierta que permitía ver el atardecer teñir los viñedos de tonos dorados y morados, los invitados brindaron una y otra vez por la felicidad de los recién casados. Las risas fluían tan libremente como el vino "Legado", que ahora sabía a triunfo y a futuro.
Llegó el momento del primer baile. Elías y Valeria se fundieron en la pista al compás de una balada suave y romántica.