El alboroto lejano, primero un claxon desesperado y luego voces, arrancó a Valeria de un sueño inquieto. Se puso una bata rápidamente y bajó las escaleras de la hacienda Renacer. Clara ya estaba en el salón, con el rostro pálido y alerta.
—¿Qué pasa? —preguntó Valeria, su voz aún ronca por el sueño.
En ese momento, Leo irrumpió en la casa, conteniendo la puerta. —¡No salgan! Hay un vehículo extraño en la entrada. Se fue a toda velocidad.
El corazón de Valeria se encogió. —¿Será un ataqu