El amanecer en Costa Serena se filtró por las persianas de la suite, pintando rayas doradas sobre la cama donde yacían Elías y Valeria, aún entrelazados. No fue un despertar abrupto, sino un emerger lento y plácido de un sueño profundo. Elías abrió los ojos primero, y su primera visión fue el rostro sereno de su esposa, dormida sobre su brazo. Una paz como nunca había conocido lo inundó. Eran marido y mujer. Las palabras resonaban en su interior con la fuerza de una verdad absoluta.
Valeria de