**Elena**
Jasper se quedó. Contra todo pronóstico, el cabrón se quedó.
La abuela y la tía Carmen, que viven en esa residencia grande en la costa de Samaná, la casa de siempre: balcones de madera, piso de cemento pulido, hamacas en la galería, vista al mar Caribe que te deja la boca abierta y olor a pescado con coco friéndose desde las cinco de la mañana. La abuela me vio llegar con él y solo abrió los ojos como platos.
—Ay, pero ¿y este quién es, mija? —preguntó con la mano en la cadera.
—Un