**Elena**
La luna colgaba sobre Punta Cana como una lámpara de secretos. Después de la moto acuática y el susto en el mar, la tarde se fue en silencio y miradas que quemaban. Jasper había reservado cena privada en la terraza de la suite: mesa frente al mar, velas encendidas, copas de vino blanco frío, brisa que olía a sal y a deseo contenido.
Bajé con el vestido rojo que me queda como pecado: escote profundo, espalda descubierta, tela pegada a las curvas. El pelo naranja suelto, labios rojos, perfume fuerte.
Jasper se quedó sin palabras. Camisa blanca de lino medio abierta, pantalón beige, descalzo. Me miró como si quisiera comerme viva.
—Te ves… —tragó saliva— te ves peligrosa, coño.
—¿Y eso es bueno o malo?
—Eso es letal —dijo acercándose, quitándome un mechón del rostro con los dedos temblando.
**Jasper**
Durante la cena hablamos de todo y de nada. Reímos recordando pendejadas de niños, brindamos por estar vivos después del susto del mar. Pero las miradas eran puro fuego.
—Jasp