**Elena**
La noche cayó con calma después de la tormenta pequeña. No encendimos luces, solo unas velas por la sala, la llama bailando en las paredes blancas. Afuera el mar murmuraba como si supiera nuestros secretos.
Me senté en el sofá con las piernas cruzadas, envuelta en la manta de hilo que huele a sal y a nosotros. Jasper se acercó callado con dos copas de vino tinto. Me dio una sin decir nada y se sentó a mi lado, el cuerpo todavía caliente de la tarde.
—¿Sabes qué me asusta? —dije rompiendo el silencio, la voz bajita.
—¿Qué, Lena?
—Sentirme segura contigo. Porque cuando lo hago, algo pasa. Y me recuerda que nada es pa’ siempre. Que la gente se va cuando menos lo esperas.
Él asintió lento, mirando la copa.
—Te entiendo, carajo. Yo siempre estoy listo pa’ el golpe. Como si la vida fuera un ring y cada cosa buena viniera con puñetazo incluido. Mi viejo se largó, mi mamá se murió… aprendí que lo bueno duele cuando se acaba.
Lo miré. Los ojos brillosos, pero no lloraba. No aún.
—M