**Elena**
La mañana empezó perfecto: brisa marina entrando por la terraza, desayuno en la mesa de madera con vista al mar, Jasper robándome besos entre la mermelada y el café. Yo con su camiseta gigante y nada más, él en pantalón corto, descalzo, el pelo revuelto y esa sonrisa que me pone tonta.
Pero bastó un mensaje pa’ joderlo todo.
Estaba en el porche con el celular en la mano, el ceño fruncido, leyendo algo que no le gustaba. Salí con shortcito y top, fresca del mar, y lo sorprendí mirando la pantalla como si le hubieran mandado una cuenta de luz.
—¿Quién es Sami? —pregunté sin filtro, cruzada de brazos.
—¿Perdón?
—Te llegó un mensaje. Dice “¿Sigues en Florida? Avísame si estás libre esta semana.” Y un emoji con besito.
Él suspiró pesado, bajó el teléfono.
—Es una amiga de la uni. Solo eso.
—¿Amiga que te manda besitos?
—Lena, no empieces, coño.
—No estoy empezando —le dije, la voz subiendo—. Solo pregunto. ¿Tú le dijiste que estabas aquí?
—No. Supongo que lo vio en una historia