**Elena**
La casa amaneció con el canto de las olas y esa luz dorada que se cuela por las persianas como si Dios estuviera pintando solo pa’ nosotros. Abrí los ojos envuelta en sábanas blancas, el murmullo del mar de fondo. Jasper dormía boca abajo a mi lado, medio tapado, el pelo revuelto, la espalda descubierta llena de marcas mías de anoche.
—Quédate así, que pareces pintura —le susurré, acariciándole el omóplato con la yema de los dedos.
Él gruñó medio dormido, sin abrir los ojos.
—No emp