**Elena**
El sol amanecía en Punta Cana lento, dorado, como si supiera que esa habitación había sido testigo de una noche que no se me iba a borrar nunca. Me desperté primero, enredada en los brazos de Jasper, su pecho subiendo y bajando contra mi espalda, su respiración caliente en mi nuca. Lo miré dormir. Se veía tan sereno que me dolió el alma. Porque la vida con él nunca había sido serena.
Me levanté despacio, me puse la bata de seda blanca que el resort dejó, y salí al balcón privado. El