**Elena**
El sol amanecía en Punta Cana lento, dorado, como si supiera que esa habitación había sido testigo de una noche que no se me iba a borrar nunca. Me desperté primero, enredada en los brazos de Jasper, su pecho subiendo y bajando contra mi espalda, su respiración caliente en mi nuca. Lo miré dormir. Se veía tan sereno que me dolió el alma. Porque la vida con él nunca había sido serena.
Me levanté despacio, me puse la bata de seda blanca que el resort dejó, y salí al balcón privado. El mar estaba tranquilo, la brisa me revolvió el pelo naranja. Me apoyé en la baranda, sintiendo el sol calentándome la piel todavía marcada por sus besos.
**Jasper**
Desperté al sentir la cama vacía. La vi en el balcón, la bata abierta dejando ver la curva de su espalda, el culo perfecto. Coño, era tan hermosa que me dolía mirarla.
Me puse el pantalón de lino y salí con ella. El silencio pesaba más que las olas.
—¿Ya amaneció o solo se acabó el hechizo? —dije con voz rasposa, apoyándome a su la