552. El rey sin corona.
Narra Ruiz
Villa muere, y yo me quedo mirándolo como si estuviera presenciando la caída de un payaso que nunca aprendió a sacarse la máscara, y lo curioso es que ni la muerte le arranca esa sonrisa de imbécil, la tiene clavada en los labios como si fuera un tatuaje, una cicatriz de felicidad que nunca me perteneció pero que él me entrega ahora como su herencia maldita, y me doy cuenta de que lo único que odié más que su obsesión era ese fuego ridículo en los ojos, ese brillo que ni con el últim