553. El salto de la libertad.
Narra Ruiz.
El borde está ahí, a dos pasos, un cabo de piedra húmeda que respira con el agua, como si me esperara desde siempre, como si hubiera sido construido para este final que nadie, ni siquiera yo, pudo escribir mejor. El aire tiene ese olor a sal que se mezcla con hierro y madera vieja, y siento que cada bocanada que respiro me golpea como un recordatorio: el aparato está adentro, incrustado como un parásito, como un guardián invisible que Villa me regaló para asegurarse de que jamás me