562. La manipulación íntima.
Narra Ruiz
El hospital se adormece a la hora en que los pasillos quedan vacíos, cuando los médicos ya se esconden en sus oficinas y solo quedan las sombras largas de las monjas que van de cuarto en cuarto como espectros con hábito, apagando luces y murmurando plegarias que nadie escucha. Yo, desde mi cama, juego con esa quietud como quien acaricia un arma: sé que en la calma aparente siempre se esconden las mejores oportunidades, esas que se dejan tomar solo por el que sabe esperar.
El pecho me