512. La chispa que nunca murió.
Narra Lorena.
No me dice adónde vamos, ni siquiera se molesta en explicarme por qué la urgencia, pero sus pasos firmes y su silencio me arrastran por las calles como si la ciudad, de pronto, se hubiera convertido en un mapa secreto que sólo Jean Pierre conoce, y yo camino detrás de él, apenas un poco más atrás, como solía caminar cuando me movía entre pasillos oscuros, casas prestadas, habitaciones cerradas que me recibían con olor a humedad y miedo. Reconozco los muros manchados, las ventanas