509. El hilo invisible.
Narra Dulce.
No sé en qué momento empezó a gustarme tanto su forma de mirar.
O mejor dicho: no sé en qué momento me resigné a que me mirara así.
Tomás tiene esa calma de los que saben esperar. Puede estar sentado a un metro, o a diez, o al otro lado de una habitación llena de gente, y de algún modo su mirada siempre encuentra un hueco para llegar hasta mí. No es invasiva. Eso sería más fácil. Es… envolvente. Como una tela que se posa sobre la piel y de pronto te das cuenta de que ya no podés mo