477. Libros y piel.
Narra Dulce.
Es temprano.
Muy temprano.
El sol apenas comienza a deslizarse por el borde de las cortinas de seda, filtrándose en rayas delgadas que parecen flotar en el aire. El silencio es tan denso que escucho mi propia respiración. Algo, no sé qué, me llama hacia afuera. No es solo curiosidad ni hambre; es una urgencia más íntima, como si necesitara comprobar que lo de anoche no fue un sueño, que todo —las palabras, la risa, el calor del vino y esa sensación de estar, por fin, en un lugar si