478. Las palabras que ella no dijo.
Narra Dulce.
La biblioteca es el corazón invisible de la casa.
No hace ruido, pero late.
Las paredes están cubiertas de estantes de roble que trepan hasta el techo, con vitrinas cerradas como si los libros fueran reliquias demasiado valiosas para ser tocadas por manos corrientes. La luz se filtra desde lámparas bajas, doradas, que parecen más diseñadas para guardar secretos que para iluminar. El aire está cargado con un aroma denso: papel viejo, cuero gastado y un perfume masculino, tenue pero