476. Licores y recuerdos.
Narra Dulce.
—¿Puedo tomar otra? —pregunto, con la copa sostenida a la altura del pecho, girándola apenas para que el líquido se mueva en espirales lentas. Mis ojos brillan, y no por el alcohol. Brillan por todo esto. Por la risa que todavía me vibra en la garganta. Por el lujo de tener a alguien escuchándome sin prisa, sin interrumpir. Por esta rara sensación de estar, por fin, en un lugar sin cuchillos escondidos detrás de cada puerta.
Tomás no vacila. Ni un segundo. Toma la botella con esa c