375. Lo que corta no es el filo.
Narra Lorena.
El cuchillo pesa más de lo que esperaba. No por el acero, no por la empuñadura que suda en mi mano, sino por lo que significa. Es la suma de todas las noches en la celda, del cuerpo temblando por miedo, del silencio podrido de no tener a mi hija, de esa voz interna que decía: algún día.
Y ahora ese día está acá. Delante mío. Con un rostro que conozco mejor que el mío. Con esa sonrisa que me empujó a amar y a odiar con el mismo aliento.
Ruiz.
Él no retrocede. Claro que no. Se queda