376. Sangre sin guion.
Narra Ruiz.
Sigo respirando.
Eso ya es mucho.
La sangre me tibia el abdomen y empapa la tela como un animal enfermo que se niega a morir en silencio. La herida no es profunda, pero arde. Me recuerda que sigo vivo. Que estoy acá. En el centro de este teatro de mierda. Rodeado de locos. Y, peor aún, de testigos.
Lorena tiembla.
O se hace la que tiembla.
Con ella nunca se sabe.
Tiene el cuchillo a un metro, los ojos en mí y la culpa —si es que tiene— colgándole de los labios. Esa es la parte que s