238. El hueco en el pecho.
Narra Lorena.
Me tiemblan las manos. Me tiemblan como no me temblaban desde aquella vez en que pensé que me iban a fusilar. Literalmente. Me acuerdo del sonido del martillo de una nueve milímetros cuando alguien se puso creativo con mi destino en uno de los cuartos oscuros de esta cárcel del infierno. Pero esto es distinto. Esto no es miedo. Es otra cosa. Es una mezcla asquerosa, densa, que se me atraganta. Y me doy cuenta de que no tengo nombre para lo que siento. Porque no hay palabra que des