239. La herida abierta.
Narra Lorena.
No duermo esa noche. Ni las siguientes. El cuerpo se me apaga por ratos, como si entrara en una especie de coma a voluntad, pero el alma no descansa. Se queda ahí, empapada en una fiebre de imágenes que no se van. Dulce. Su risa, su voz que no reconozco, ese gesto que hizo con la mano mientras corría por el parque como si todo el mundo fuera suyo. La vi tan feliz… tan lejos. Y no puedo evitar preguntarme si piensa en mí. Si se acuerda. Si en algún lugar de su cuerpito aún hay una