Mundo ficciónIniciar sesiónAntón Ivanov no es solo un mafioso. Es el hombre más temido del mundo y el único dueño de la mafia rusa. Frío, calculador e implacable, construyó un imperio donde la traición se paga con sangre. Desde la muerte de su esposa, juró que jamás volvería a amar. Su corazón se convirtió en un bloque de hielo… y nadie ha logrado quebrarlo. Hasta que ella apareció. Anastasia Petrov es la adorada hija de Alek Petrov, un poderoso mafioso ruso. Hermosa, inteligente y con un carácter indomable, jamás ha permitido que nadie decida por ella. Pero su vida cambia por completo cuando su padre comete el peor error de su existencia: robar una valiosa mercancía perteneciente a Antón Ivanov. Como venganza, Antón secuestra a Anastasia y deja una única condición para devolverla con vida: Alek deberá pagar hasta el último centavo de lo que le arrebató. Lo que parecía ser un simple ajuste de cuentas pronto se convierte en un peligroso juego de voluntades. Porque Anastasia se niega a doblegarse ante el hombre más poderoso de la mafia rusa. Lo desafía, lo provoca y pone a prueba su paciencia como nadie antes lo había hecho. Y, sin darse cuenta, comienza a derribar los muros que Antón levantó alrededor de su corazón. Lo que empezó como un secuestro terminará convirtiéndose en una obsesión. Porque Antón descubrirá que hay algo mucho más peligroso que una guerra entre mafias… Enamorarse de la mujer que jamás debió tocar.
Leer más—Ana, hija, ya te dije que no puedes ir a esa fiesta —dice mi padre con el ceño fruncido.
—Papá, no entiendo por qué. Todas las personas de mi edad salen de fiesta. ¿Por qué yo no puedo?
—Porque sabes que corres peligro ahí afuera. Tengo demasiados enemigos.
—Tú mismo dijiste que nadie sabe que soy tu hija. - Él suelta un largo suspiro y se lleva una mano al rostro.
—Ana... eres la luz de mis ojos. Me moriría si te pasara algo. Le prometí a tu madre que te protegería, y pienso cumplir esa promesa hasta el último día de mi vida.
Mi expresión se suaviza.
—Y lo has hecho, papá. Pero también tienes que dejarme vivir como una chica de mi edad. - Después de unos segundos de silencio, finalmente cede.
—Está bien... pero irás con Miran y Lucas.
Genial. Dos guardaespaldas siguiéndome como perros falderos. Aunque, siendo sincera, eso era mejor que quedarme encerrada en casa.
—Está bien, papá.
Le doy un beso en la mejilla antes de subir corriendo a mi habitación.
¡Estoy emocionada! ¡Será mi primera fiesta!
Sí, lo sé... resulta extraño que una chica de veintiún años jamás haya ido a una discoteca. Pero ser hija de un mafioso no tiene absolutamente nada de normal.
A veces desearía que mi padre jamás hubiera entrado en ese mundo. Ese mismo mundo me arrebató a mi madre cuando apenas tenía cuatro años.
Desde entonces decidió ocultar mi existencia. Nadie debía saber que tenía una hija, era la única forma, según él, de mantenerme con vida.
—¡¡Luz, me dejaron ir!!
—¡Al fin tu mamá te dio permiso! - No puedo evitar reír.
Para todos, yo soy la hija de mi nana. Mi padre no es más que un hombre generoso que siempre nos ha ayudado, una especie de ángel guardián.
Nadie sospecha la verdad.
—Sí... pero ahora no sé qué ponerme. Nunca he ido a una fiesta.
—Relájate, para eso me tienes a mí. - Hacemos una videollamada y le enseño mi clóset.
—¡Madre mía, amiga! Para ser la hija de una empleada tienes ropa más bonita que muchas millonarias. - Sonrío.
—Ya te dije que para el señor Petrov soy como una hija. - Dos horas después, por fin estoy lista.
Llevo el vestido que Luz eligió para mí. Me miro una última vez al espejo y sonrío, hoy quiero que sea una noche inolvidable.
—Papá, ya estoy lista. - Mi padre me observa de arriba abajo. No hace falta que diga nada, Su expresión lo dice todo.
—Ese vestido está demasiado corto. - Pongo los ojos en blanco.
—Ay, papá... no empieces. Está perfecto. No puedo ir vestida como una monja.
Él suspira resignado y llama a Miran y Lucas.
—Cuídenla bien. Si algo le pasa... ya saben lo que les espera.
Cada vez que utiliza ese tono frío y amenazante me recuerda quién es realmente, Por eso procuro mantenerme alejada de sus negocios, Prefiero verlo como el hombre que me preparaba chocolate caliente cuando tenía pesadillas y no como el mafioso que todos temen.
—Bueno, papá. Me voy. Te amo. - Él acaricia mi cabello.
—Yo también te amo, princesa.
La música retumba en todo el lugar, las luces de colores iluminan la pista y, por primera vez en mi vida, me siento completamente libre.
He bailado.
He reído.
He conocido gente nueva.
Y por unas horas olvidé quién soy.
—Amiga, tenemos que repetir esto. - Luz ríe mientras levanta su vaso.
—Obviamente. Esta será la primera de muchas.
Estoy a punto de responder cuando una ráfaga de disparos rompe el ritmo de la música. El estruendo ensordece el lugar y, en cuestión de segundos, los gritos de pánico invaden toda la discoteca.
Mi corazón se detiene al ver cómo Miran y Lucas caen muertos frente a mí. La sangre comienza a extenderse por el suelo mientras las personas corren desesperadas, empujándose unas a otras en un intento por encontrar una salida.
Entonces lo veo entrar.
Alto, elegante e imponente. Parece un dios griego vestido completamente de negro. Su sola presencia hace que el ambiente se vuelva más pesado, como si el aire hubiera dejado de circular. Todo a su alrededor transmite poder... y peligro.
—Disculpen por interrumpir la fiesta —dice con una tranquilidad escalofriante—. Solo vengo por una persona.
Su voz es grave, profunda... demasiado atractiva para pertenecer a un hombre que, a simple vista, irradia peligro. Un escalofrío recorre mi espalda. Pobre del desafortunado que le deba algo.
Observo cómo recorre lentamente la discoteca con la mirada, como si estuviera buscando a alguien. Entonces sus ojos se encuentran con los míos y, por un instante, siento que el mundo entero deja de existir.
Sin apartar la vista de mí, comienza a caminar en mi dirección. Mi respiración se acelera y siento cómo la sangre abandona mi rostro. Cada paso suyo hace que mi corazón golpee con más fuerza contra mi pecho.
Cuando finalmente se detiene frente a mí, habla con una frialdad capaz de helar la sangre.
—O vienes por las buenas... o te llevaré por las malas.
Frunzo el ceño.
—¿Qué demonios le pasa? ¡Ni siquiera lo conozco! – este me sonríe de manera extraña.
—Tú no... pero tu padre sí. - Mi sangre se hiela. —Así que coopera.
Por instinto doy un paso hacia atrás y, sin pensarlo, salgo corriendo. No llego muy lejos. El estruendo de un disparo rompe el aire y, durante unos segundos, dejo de escuchar todo a mi alrededor. Un dolor insoportable atraviesa mi pierna derecha, haciéndome perder el equilibrio. Caigo al suelo con fuerza mientras un grito de dolor escapa de mi garganta.
—¡¡Joder!! - La sangre comienza a cubrir mi mano, mientras las lágrimas aparecen sin permiso. —¡Eres un hijo de puta! - Él ni siquiera pestañea.
—Te dije que cooperaras. - Me levanta del suelo sin el menor cuidado, pataleo y golpeo su espalda, pero es como darle a una pared de concreto —¡¡Quédate quieta, joder!!
Lo último que siento es un fuerte golpe en la cabeza.
Después... Oscuridad.
ANTÓN IVANOV
Maldita sea …Primero le disparo, y ahora toco dejarla inconsciente, menuda fiera tiene la hija de Petrov. Pero tendrá que acostumbrarse, aquí permanecerá hasta que su padre me devuelva hasta el ultimo centavo de lo que me robó Y si no paga tendré que matarla.
—¡Lia! - Mi ama de llaves aparece de inmediato.
Al verme cargar a la muchacha, abre los ojos con sorpresa.
—Llame a un médico. Y prepare el sótano. Quiero una cama allí. – observo en su mirada preocupación y duda.
—Señor... ¿de verdad piensa encerrarla en el sótano estando herida? - La miro con frialdad.
—Por ahora, si y no vuelvas a cuestionar mis decisiones. Ahora haga lo que le ordené.
El médico confirma que la bala apenas la rozó, no fue una herida grave. Así que procedo a subir a mi despacho, es momento de darle la noticia a Petrov.
—¿Hola? – Sonrío con un vaso de whishy en la mano
—Petrov... tienes una hija preciosa. - Del otro lado solo escucho un rugido.
—¡¡HIJO DE PUTA!! ¡FUISTE TÚ!
—No te recomiendo hablarme así. Mucho menos cuando tu hija está bajo mi techo. -Hago una pausa. —Aunque debo admitir que es bastante salvaje. Nada que no pueda domesticar.
—Como le pongas un dedo encima, te juro que te mataré. - No puedo evitar reír.
—¿De verdad me estás amenazando? ¿A mí? El hombre al que toda la mafia teme. - Su respiración se vuelve pesada.
—¿Qué quieres?
—Mi dinero. - Silencio.
—Ya no lo tengo.
—Entonces tienes dos meses para conseguirlo. Si no... Mataré a tu hija, pero antes de hacerlo me asegurare que sufra y que veas todo lo que le hago,
—¡¡MALDITO!!
—El tiempo ya empezó a correr, Petrov.
Cuelgo sin esperar respuesta con una sonrisa de satisfacción, tengo a Petrov en mis manos.
—Veo que conseguiste lo que querías. - Levanto la vista viendo a Sandro, mi mano derecha entrar a mi despacho, el es la única persona en quien realmente confió
—Sí. Petrov acaba de entender con quién se metió.
—¿Y la chica?
—Le disparé. - Abre los ojos como platos.
—¡¿Qué hiciste?! M****a, Antón...¿Está bien?
—Solo fue un roce. Ahora descansa en el sótano.
—Joder... ese no es lugar para ella. Pásala a una habitación.
—No confío en esa mocosa. Tiene demasiadas agallas para mi gusto. .- Sandro sonríe, mientras se sirve un trago también.
—Dicen que es muy hermosa.
Sin querer, una estúpida sonrisa aparece en mi rostro.
—es hermosa, pero está prohibida, es la hija de mi enemigo
—Entonces tendré que conocerla.
—Será mañana. Hoy necesita descansar.
A la mañana siguiente bajo con una bandeja de comida Al abrir la puerta me encuentro con una escena que consigue sacarme de mis casillas.
—¿¡Qué demonios estás haciendo!? - La muy idiota intenta escapar por la diminuta ventana del sótano, logrando que su herida vuelva a sangrar.
La tomo con fuerza para evitar que siga con su plan de escape, pero esta sigue luchando, observó su rostro y este se encuentra completamente pálido, al ver el suelo me doy cuenta de que ha perdido sangre
—¡Déjame, idiota!
—No pongas a prueba mi paciencia. - El sujeto del brazo y la obligo a girarse.
Su cuerpo choca con el mío y, de pronto, la distancia entre nosotros desaparece. Estamos tan cerca que puedo distinguir el fuego desafiante que brilla en sus ojos. Sus facciones son tan perfectas que parecen las de un ángel... un ángel capaz de tentar al mismo diablo. Hay algo en ella que hipnotiza, algo que obliga a mirarla una y otra vez..
—Suéltame. – ella no aparta la mirada ni un solo segundo
—Será mejor que empieces a acostumbrarte. No saldrás de aquí hasta que tu padre me pague. Y si decide no hacerlo... Entonces tendré que matarte o quizás primero lo mate a él.
ANASTASIADespierto con un terrible dolor en todo mi cuerpo, pero en especial en mis costillas. Y ni hablar de la cabeza, siento que me va a explotar.-Pequeña - al abrir mis ojos veo a mi padre sentado a mi lado. Este parece cansado, como si no hubiera dormido en días - al fin despertaste.-Oh, papá.El llanto se acumula y comienzo a llorar, pero rápidamente soy abrazada por mi padre, como cuando era pequeña.-Ya, preciosa, aquí está papá.-Fue horrible, papá. Creí que moriría. Leonardo se enloqueció.-Lo sé, mi niña, pero ahora estás a salvo y no dejaré que nada te pase.-¿Lograron detenerlo? - Este se pone tenso y aprieta las manos.-No, hija, pero te juro que lo atraparé.La puerta se abre, dejándome ver a una persona que carga un ramo precioso de rosas-Al fin despiertas. -Joder, es Antón. Está muy guapo.-Te traje estas rosas. Sé que te gustan mucho.-Son preciosas, gracias. - Le dedico una tierna sonrisa.-Petrov, ¿podría hablar a solas con Ana?Se me hace extraño que Antón sea
ANASTASIAEsta situación se salió de control. Me estoy viendo al espejo y veo dos grandes hematomas en mi rostro. Al bajar a mis brazos, veo los dedos de Leonardo marcados y, cuando levanto mi blusa, veo más hematomas. Definitivamente, no reconozco a la persona que tengo al frente. Ahora siento mucho miedo, no sé si mi padre o Antón me vengan a buscar.-Ana, cariño - cuando veo a Leonardo que entra, por instinto me alejo de él. -Tranquila, no te haré nada.-No te acerques - le suplico. Por un instante veo en su mirada algo de culpabilidad, pero se recupera rápidamente.-Arréglate, nos vamos - ¿Qué? ¿Irnos? No...-¿A dónde?-Eso no debe importarte. Ahora arréglate, no me hagas enojar. Odio ver tu cara lastimada.Este sale, dejándome sola y, como no quiero que se enoje, decido hacer caso y me cambio rápido con unos pantalones y una chaqueta.Bajo las escaleras con algo de dificultad y noto que hay bastante movimiento.-¡Vámonos! El imbécil de Ivanov ya debe estar en camino.¿Antón vendr
6 meses despuésYa han pasado muchos meses y ahora ya me siento más acostumbrada viviendo en Argentina, lo que aún no me acostumbro es a no ver a Antón. Todavía me pregunto cómo estará. Mi padre no ha dejado que sepa nada de él. Lo único que tengo claro es que no ha querido firmar los papeles del divorcio.-Tierra llamando a Ana - dice Agus, una amiga que conseguí aquí en Argentina que me ha hecho gran compañía. Le conté lo que me pasaba, pero omití la parte de que vengo de una familia mafiosa y que me casé con un mafioso.- Lo siento, Agus.-¿Todavía pensando en tu marido? - cómo me conoce esta mujer.- No lo puedo evitar - suelto un suspiro y tapo mi cara.-¿Por qué no lo llamas?-¿Qué? ¡¿Estás loca?! Mi padre me matará si lo llamo. Además, quizás él ya no quiera saber nada de mí. Ha pasado mucho tiempo.-Por Dios, Ana, si él no quisiera saber nada de ti, ya te hubiera dado el divorcio.Bueno, en eso puede tener la razón, pero aún no sé por qué carajos quiero saber de él. O sea, ¿qu
ANASTASIA PETROVDespierto con una terrible sensación de mareo. Abro mis ojos lentamente y me doy cuenta de que esta habitación no es la mía. ¿Dónde mierdas estoy?Con mucho cuidado me paro y veo que hay un baño, así que aprovecho y hago mis necesidades. Luego me doy cuenta de que hay una ropa con una nota que dice que me la coloque. Hago lo que me piden, me doy un baño y luego me pongo lo que me trajeron, que, para mi sorpresa, todo es de mi talla.Miro hacia la puerta y noto que está abierta, así que salgo de la habitación, dándome cuenta de que estoy en un palacio. La casa es enorme y está llena de lujos.—Al fin despertaste.Esa voz...—¿Fuiste tú el que me secuestró?—No te secuestré, Ana. Solo te salvé de estar en un matrimonio que no avanzaba. Tu padre vio tus marcas y me pidió ayuda.—Leo, no era la forma. Ahora Antón me va a buscar por cielo y tierra.—Ana, estamos muy lejos de Antón. Él no nos puede hacer nada. - ¿Cómo así? ¿Acaso salimos del país?—¿Dónde estamos?—Argentin





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