CAPITULO 5

Despierto con un terrible mareo y ganas de vomitar que hacen que me pare y corra al baño. Cuando llego, deposito lo que había comido y, al terminar, me dejo caer en el suelo. Pequeños fragmentos de lo que pasó llegan a mi mente. Esa palabra vuelve a estar en mi cabeza: "princesa". Ahora lo que no entiendo es por qué Antón actuó de esa forma, por qué me tuvo que drogar... Dios, ¿qué está pasando?

—¡Ana! —Genial, lo que faltaba—. ¡Ana! —Antón abre la puerta de golpe, encontrándome pálida en el suelo—. ¿Estás bien? —dice preocupado.

—No sé, dímelo tú. ¿Me ves bien? —digo con ironía, y este suelta un suspiro.

—Ana, lo que pasó ayer...

Lo corto antes de que siga.

—¡ME DROGASTE! ¿Qué mierdas tenías en la cabeza? Joder, estoy enojada. ¡¿Por qué lo hiciste?!

—No me hacías caso y podías correr peligro.

—¿Quién era ese hombre que estaba gritando? - Veo cómo este se pone tenso y comienza a caminar por toda la habitación.

—No es nadie.

—No me mientas. ¿Quién es?

—Es un enemigo mío que me quiere ver muerto.

—¿Y por qué mencionaba algo de su princesa?

Este da un golpe fuerte a la pared que me hace asustar.

—No te metas más en mis asuntos. Solo debes saber que él es el enemigo.

Me siento herida por la forma como me habló, así que vuelvo al baño y le cierro la puerta en la cara.

—Ana, ábreme.

—Lárgate.

Me meto a la ducha y dejo que el agua caliente relaje mi cuerpo, ya que todo esto me tiene muy tensa. El no recordar nada, el sentir que algo no está bien, está acabando con mis nervios. Solo espero que Antón no me esté mintiendo.

Me pongo una falda y una blusa, ya que la chica del servicio me mandó a decir que venían visitas importantes, así que ahora estoy arreglándome para lucir presentable.

—Señora, la están esperando abajo.

—Ya bajo.

Tomo aire y bajo las escaleras. Al primero que veo es a Sandro, que al verme me dedica una sonrisa. Luego veo a una mujer de unos veinte años, alta y de piel blanca como la nieve, con su cabello corto de color rubio.

—Buenas tardes.

Todos posan su mirada en mí y la chica me sonríe.

—Hola, hasta que por fin te conozco. - La chica, sin más, me abraza, cosa que me toma por sorpresa. —No sabes las ganas que tenía de conocer a la prometida de mi primo.

Es su prima...

—Mucho gusto, soy Alba.

—Hola, Alba. Soy Anastasia, pero puedes decirme Ana.

—Eres hermosa, ideal para mi primo.

—Bueno, nosotros las dejamos para que se conozcan.

Ambos se van y yo me quedo sola con Alba sin saber qué decir o hacer.

—Me alegra que mi primo haya abierto de nuevo su corazón luego de lo ocurrido con su difunta esposa.

Esperen... ¿Antón es o era casado?

—¿Antón ya estuvo casado?

Alba me mira como si hubiera metido la pata hasta el fondo.

—Mierda... pensé que ya lo sabías.

—No. Lo que pasa es que tuve un accidente y perdí la memoria. Tal vez sí lo sabía, pero no me acuerdo. Espero que sea eso.

—Oh, lo siento mucho. Pero ya verás que pronto vas a recuperar todos tus recuerdos.

—Lo único que me entristece es que no recuerdo cómo fue mi pedida de mano.

—Con el tiempo te acordarás y, si no pasa, pues hacemos una.

Alba me cae bien. Se ve que es buena chica. Espero que tengamos una linda amistad.

—Igual estoy aquí para ayudarte en todo lo de la boda.

—Oh, qué bueno, porque no tengo ni la menor idea de cómo hacer una boda.

—Bueno, para eso estoy yo.

Pasamos dos horas mirando lugares, comida y vestidos, hasta que medio alcanzamos a cuadrar algunas cosas.

—Veo que les rindió.

Vemos a Antón y Sandro entrar a la sala.

—Así es. Alba es maravillosa.

Este me sonríe.

—Bueno, ella se quedará un tiempo con nosotros, así que me alegro de que se lleven bien.

En la noche tengo cero sueño, así que salgo con cuidado de la cama para no despertar a Antón. Camino por toda la casa buscando que me dé sueño hasta que llego a una habitación que no había visto nunca. Al abrir, veo que es una habitación enorme, mucho más grande que la que compartimos con Antón.

¿Por qué Antón no la utiliza?

Me adentro y, al mirar bien, me doy cuenta de que hay cosas de mujer, como perfumes, maquillaje y ropa, pero parece como si hace mucho no se hubieran tocado. Cuando llego a una mesita veo un portarretrato y, al observar la foto que tiene, me doy cuenta de que esta habitación era la que compartía Antón con su difunta esposa.

—Era muy hermosa —susurro al ver lo enamorados que se veían en esa foto. A él le brillaban los ojos igual que a ella—. ¿Será que a mí también me miras así?

—¡¿QUÉ MIERDAS HACES AQUÍ?!

Pego el brinco del siglo, dejando caer el portarretrato y haciendo que este se parta en dos.

—Antón, yo...

—¿Quién te dio permiso de entrar en esta habitación?

—Antón, no podía dormir, así que...

—Así que nada. En esta habitación nadie más que yo puede entrar, así que largo.

Me señala la puerta, pero no entendía su actitud. Quisiera decirle muchas cosas, pero mejor me quedo callada y salgo de la habitación dejándolo ahí. Luego hablaremos.

Despierto y me doy cuenta de que Antón no está en la cama. De seguro salió temprano. Me paro de la cama y me doy una ducha rápida para colocarme algo sencillo.

Cuando bajo lo veo en el jardín, solo tomando un café, así que me siento a su lado.

—Buen día.

Este no me habla ni tampoco me mira.

—¿Se puede saber por qué tu enojo?

—No me gusta que fueras a espiar la habitación de mi mujer.

¿Qué? Esto tiene que ser una jodida broma.

—¿Tu mujer? O sea, ¿y yo entonces qué p***o aquí?

—Eres mi prometida. - ¿Qué mierdas le pasa?

—¿La sigues amando? -Por Dios, ¿por qué siento un taco en mi garganta al preguntar esto?

Antón me mira y luego dice algo que rompe mi corazón.

—Siempre la amaré. Calipe es el amor de mi vida. - Las lágrimas se acumulan, pero no dejaré que vea correr ninguna.

—Entonces, ¿por qué te casas conmigo?

—Cariño, tú y yo acordamos que esto sería por negocio, solo que no te acuerdas.

¿Negocio? ¿Qué clase de tratos hice yo con Antón?

—Tú solo eres una fachada ante la sociedad, pero aquí la única dueña es Caliope.

—Ella está muerta.

Cuando menciono eso, su cara cambia y tira su taza de café, haciendo que el miedo llegue a mí.

—Vuelves a decir eso y te juro que no respondo. Ahora lárgate.

Con mi dignidad por el piso me voy, deseando nunca haber conocido a Antón. Creo que voy tan rápido que me choco con algo duro que casi me tumba al suelo, solo que unas manos detienen mi caída.

—¿Estás bien?

Cuando abro mis ojos me quedo embobada al ver a un guapo hombre de ojos miel. Joder, está que se parte de lo bueno que está.

—¿León? - Cuando volteo, veo que Antón nos mira con cara de pocos amigos.

—Antón, amigo, qué bueno verte.

Antón se acerca y me mira de forma extraña.

—¿A qué debo el honor de tu visita?

—Luego te cuento. ¿No nos presentas? —dice mirándome.

—Claro. Ana, él es León, un amigo. León, ella es Anastasia, mi prometida.

Este me dedica una sonrisa que mataría a cualquiera y deja un beso en el dorso de mi mano.

—Qué suerte tienes, amigo. Tu prometida es una obra de arte...

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP