La puerta se abre y veo que es una de las chicas del servicio, quien me informa que mi padre ha llegado. Sin pensarlo, corro hasta donde él está, pero unos brazos me detienen antes de llegar a mi objetivo.
—¿Ahora qué quieres?
—Si quieres que le perdone la deuda a tu padre y le perdone la vida, debes decirle que estás muy enamorada de mí y que no te vas a separar de mi lado.
—¿Es en serio? ¿Esa es tu puta condición para que mi padre ya no deba nada? ¿Mi libertad?
—Tú eliges. Y yo, de ti, lo har