Llego a la casa y, sin importar los gritos de Antón, cierro la puerta de un portazo. Tiro todo lo que encuentro a mi alrededor, ya que la rabia y el dolor me están consumiendo lentamente.
—¡Abre la maldita puerta!
—¡Vete a la mierda! —Siento cómo la puerta se abre de golpe, dejando ver a un Antón muy enojado.
—Que sea la última vez que te vea hablando con Leonardo.
—¿Qué pasa? ¿Acaso tienes celos de él? - Este se queda serio mirándome.
—Al menos él es más hombre que tú.
Cuando menciono eso, los