CAPITULO 4

ANASTASIA PETROV

Ya ha pasado unas semanass desde mi accidente. Ahora estoy mucho mejor, pero mi cuerpo me sigue doliendo. Menos mal los golpes de la cara ya se han curado en su mayoría, porque odiaba cuando Antón veía mi rostro así. Aunque tengo la sensación de que él siente culpa por lo sucedido, porque siempre que me ve sus ojos muestran culpabilidad.

—Hola.

Veo que Antón entra y, como siempre, su mirada vuelve a llenarse de culpa.

—¿Por qué siempre me miras así? - Parece que no me entiende porque levanta una ceja.

—¿De qué forma?

—Como si tuvieras culpa de algo. No sé por qué siempre me miras así. - Se pone algo nervioso y comienza a caminar de un lado a otro.

—Yo... yo me siento culpable por tu accidente. Yo debí cuidarte más. - Aww, pobre.

—Hey, amor, no fue tu culpa. No recuerdo cómo pasó, pero estoy segura de que tú nunca hubieras permitido que me pasara algo. – este me dedica una pequeña sonrisa, pero no lo suficientemente amplia no sabría explicar esa forma de sonreír

—¿Qué te parece si hoy te invito a cenar?

—¿Es una cita? —pregunto con una sonrisa.

—Sí. Quiero salir con mi prometida, así que ponte más hermosa de lo que ya eres.

Me acerco a él y dejo un casto beso en sus labios.

—Haré lo que pueda.

Me arreglo lo mejor que puedo con un precioso vestido y dejo mi pelo suelto, ya que he notado que a Antón le gusta que lo lleve así.

—Estoy lista.

Cuando Antón se voltea, veo cómo sus ojos se iluminan.

—Joder, nena, estás preciosa.

Se acerca a mí y me regala el beso más apasionado de toda mi vida... o bueno, eso creo, porque no recuerdo nada de mi pasado.

—¿Algún día me contarás sobre mi vida?

—Todo a su tiempo.

—¿Al menos me dirás si tengo familia? - Parece pensarlo por un momento, pero luego responde.

—No, cariño. Tu única familia soy yo.

Me da un poco de tristeza porque tenía la esperanza de tener familia, pero mi única familia es Antón.

—Hey, pero no estés mal.

—Contigo es más que suficiente. - Él me sonríe.

—Vamos entonces.

Llegamos a un hermoso restaurante. Antón está tan atento que me siento en las nubes, aunque me sorprende la cantidad de seguridad que nos acompaña.

—Oye, ¿por qué nos sigue tanta gente?

—Es por nuestra protección.

—Entiendo. - Pedimos una botella de vino y nuestra comida.

—Bueno, quiero comentarte algo.

—¿Y qué será?

—Nuestra boda. - Joder, me había olvidado por completo.

—Bueno, ¿cuándo quieres que sea?

—Lo más pronto posible. - No entendía por qué tanta urgencia, apenas me estaba recuperando del accidente, nisiquiera sabia que vestido me iba a colocar, no tenia nada.

—¿Por qué tan rápido? - Él toma mi mano y deja un beso sobre ella.

—Porque no veo la hora de que seas mi esposa.

M****a... no lo aguanto más. Me tiro encima de él sin importar que la gente nos vea y junto nuestros labios. Antón se sorprende, pero de inmediato me atrapa de la cintura y, cuando nos separamos, ambos tenemos la respiración acelerada.

—Vámonos de aquí, no aguanto más.

O sea, ¿qué me pasa? Fui yo la que le dijo que nos fuéramos. Este hombre me debe tener muy mal.

Antón me sonríe y toma mi mano, subiéndome rápidamente al auto. Durante el trayecto no deja de besarme y acariciar mis piernas, asegurándose de que cuando llegue a casa esté completamente desesperada.

Al llegar, Antón me carga, haciendo que enrolle mis piernas alrededor de sus caderas mientras sube conmigo a nuestra habitación. Antón besa mi cuello mientras yo araño su espalda, arrancándole suspiros.

—Me tienes loco... me tienes necesitado.

-Tú me tienes más loca. Te deseo tanto.

Esa noche nos dejamos llevar por la pasión. Nos entregamos el uno al otro sin reservas, mientras nuestros cuerpos desnudos se fundían en un solo latido. Cada una de sus caricias arrancaba de mis labios suaves gemidos, prueba del placer que Antón despertaba en mí.

—Eres una diosa —susurró, sujetándome por la cintura mientras marcaba el ritmo de nuestros movimientos.

Tomé sus manos y las guié hasta mi pecho, buscando sentir aún más su cercanía.

—Antón... no aguanto más...

Dejé caer la cabeza hacia atrás cuando una intensa oleada de placer me recorrió por completo. Instantes después, caí agotada sobre su pecho, mientras él también alcanzaba el mismo clímax.

Ambos sonreímos. Nuestros labios volvieron a encontrarse en un beso lento y lleno de ternura antes de quedarnos profundamente dormidos, abrazados y con nuestros cuerpos aún entrelazados.

Cuando despierto veo que estoy desnuda en la cama con Antón. Pensé que al despertar estaría feliz por lo que pasó, pero tengo una sensación extraña, como si no hubiera sido correcto.

—Buenos días, hermosa.

Le dedico una débil sonrisa antes de responder.

—Buen día.

—¿Por qué tan pensativa?

—Cosas mías.

Veo que se levanta y me deja apreciar su cuerpo completamente desnudo. No puedo evitar recorrerlo con la mirada y, al parecer, él lo nota.

—Una foto dura más.

—Mejor cállate y báñate. - Él entra al baño y yo sonrío.

Bajo a desayunar, pero primero voy al despacho para preguntarle a Antón si quiere algo. Sin embargo, escucho una conversación que mantiene con Sandro.

—Ana no se puede enterar de nada de su pasado, así que espero que todos los de la casa tengan la suficiente discreción.

—¿No crees que en algún momento ella se dará cuenta de todo?

—¡ESO NO PASARÁ! —grita alterado.

—¿Acaso te enamoraste de ella? - Se hace un silencio cuando Sandro hace esa pregunta.

—Sabes que en este negocio eso está prohibido.

¿Negocio?... Es decir, ¿que él no me ama? Entonces, ¿por qué se quiere casar conmigo?

—Siento que lo mejor es que ella sepa todo.

—¿Para qué? ¿Para que vuelva a ser una rebelde? Prefiero que no sepa nada.

Cuando siento que va a salir, me hago la distraída y ambos, al verme, se quedan pálidos.

—Cariño, ¿hace cuánto estás ahí?

—Hace poco. Venía a preguntarte si querías desayunar.

—Hoy no será. Tengo una reunión importante, pero vendré a almorzar. ¿Te parece?

—Me encanta la idea. Oye, quería pedirte un favor.

—¿Qué será?

—Me gustaría salir a dar una vuelta. No me gusta estar tan encerrada. - Veo cómo se pone tenso.

—¡No, Ana! Es peligroso que salgas sola.

—¿Pero por qué? —digo casi gritando.

—Por tu seguridad, y no se discute más.

Antón se da la vuelta y me deja con la palabra en la boca.

—¡Idiota! Pero hoy mismo voy a saber qué es lo que escondes y que yo no puedo saber.

Entro a su despacho y comienzo a buscar alguna pista hasta que encuentro un expediente con mi información, lo que me deja completamente sorprendida.

—¿Qué hace aquí, señora?

Pego un grito al ver a uno de los guardias observándome, esperando una respuesta.

—Yo... yo solo buscaba unos aretes que se me cayeron.

—Es mejor que salga de aquí. Al señor no le gusta que nadie entre a su despacho si él no está. - M****a... no tengo opción.

—Claro.

Voy al jardín bastante molesta por no encontrar respuestas, pero estoy decidida a descubrir la verdad. Antón no podrá ocultarla para siempre.

De repente se escuchan unos gritos.

—¡IVANOV, DA LA CARA, ¡HIJO DE PUTA!

Cuando intento acercarme para ver quién es, Anton me toma con fuerza del brazo.

—Anton, ¿qué te pasa? ¡Suéltame!

—Lo siento, pero es mejor que te quedes al margen de esto, Ana. - Intento soltarme, pero es inútil. Tiene demasiada fuerza.

—¡NO DESCANSARÉ HASTA QUE ME DEVUELVAS A MI PRINCESA!

¿Dónde he escuchado esa palabra?... ¿Por qué siento una sensación tan extraña?

—¿Quién es ese hombre?

—Vamos a tu habitación.

—¡No! Necesito saber quién es ese hombre. – pregunto de manera insistente, pero sin obtener respuesta. Él me mira serio y luego habla.

—Lo siento mucho, Ana... pero me obligaste.

Siento un pinchazo en el cuello y luego todo empieza a darme vueltas.

—¿Qué me aplicaste? - Dios... no logro enfocar bien.

—Es lo mejor. Solo descansa.

Cuando dice esas últimas palabras, caigo inconsciente en sus brazos, pero con una misma palabra resonando en mi mente.

"Princesa".

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