Zúrich dejó de ser una ciudad de bancos y relojes para convertirse en el tablero de juego de dos depredadores que no conocían el significado de la palabra «límite». Durante las semanas siguientes al ataque en el parque, Isabella y Tomás se transformaron en una fuerza de la naturaleza que arrasaba con todo a su paso. Ya no eran simples estudiantes; eran una marca registrada de caos, elegancia y cinismo. Se movían por la alta sociedad suiza como lobos en un redil, riéndose de las reglas que ellos