El nuevo día no trajo consuelo, solo una luz grisácea y fría que se filtraba por las pesadas cortinas de la mansión Moretti. Isabella se levantó de la cama con una rigidez mecánica, como si sus músculos hubieran olvidado cómo moverse por voluntad propia. Sus pies descalzos sobre el mármol frío fueron el primer contacto con una realidad que ya no quería habitar.
Caminó hacia el baño y dejó que la puerta se cerrara tras ella, aislándola en un cubículo de silencio absoluto. Abrió la llave de la du