Han pasado algunos dias desde que habia mandado a remodelar una habitacion para el taller de miranda, pero su esposa, aquella mujer que durante años se había mantenido a su sombra, parecía ahora otra persona. No discutía, no gritaba, no exigía. A simple vista, todo indicaba que lo había aceptado todo: el apellido, el rol, la obediencia. Sin embargo, había algo en su mirada, en la calma estudiada con la que lo observaba, que lo descolocaba.
Adrián no era ingenuo. Sabía leer a las personas. Su ins