Miranda había pasado la noche en vela.
Los ruidos de la casa —su casa— le resultaban ajenos ahora, como si las paredes respiraran distinto desde que Adrián regresó sin recordarla. Se había quedado sentada en la cama de la habitación de huéspedes, mirando el espacio oscuro frente a ella, intentando repetir en silencio las palabras que él le había dicho horas antes.
“Eres una extraña. No me interesa tu historia. Lo mejor sería separarnos.”
No había gritado. No había llorado frente a él. Solo habí