La tensión dentro de la mansión había crecido silenciosamente, como una tormenta que nadie quería reconocer, pero que se anunciaba en cada mirada esquiva de Adrián, en cada sonrisa falsa de Sara, en cada silencio que Miranda se obligaba a soportar para no romperse.
Habían pasado apenas dos días desde su regreso del hospital, y aun así parecía una eternidad de incomodidad y distancia.
Adrián se movía por la casa como un huésped confundido… pero no con todos.
Con Miranda, mantenía barreras.
Con S