Mundo ficciónIniciar sesiónC5- O TE HACE SU LUNA... O NO HAY TRATO.
Arianne y Axel se miraron fijamente. Y el corazón de ella estaba dividido entre el odio hacia Ezequiel y el amor que aún guardaba por Axel y tambien la humillación de ser tratada como un objeto. Su loba interior se agitaba, reconociendo al macho que una vez amó, pero su mente rechazaba la idea de entregarse a alguien que solo la veía como una herramienta. —¿Y bien? —presionó Axel, acercando su rostro al de ella—. No tengo toda la vida. Hay un ejército esperando mis órdenes. Arianne tragó saliva. Cada fibra de su ser le gritaba que se negara, que mantuviera su dignidad, pero la imagen de Ezequiel escapando, la sangre de sus padres y sus tios en sus manos, fue más fuerte que su orgullo. —Acepto —dijo finalmente. Axel se mantuvo inerte, sin mostrar satisfacción ni alivio. Pero antes de que pudiera decir algo más, un golpe en la puerta interrumpió el momento. —Señor... el Alfa Rowan está aquí —informó una voz desde el otro lado. El rostro de Arianne se transformó al instante y la sorpresa dio paso a una chispa de alegría. —¿Rowan?... ¡¿Rowan está aquí?! Se apartó de Axel y corrió hacia la puerta, abriéndola de golpe. Axel la siguió con la mirada, su mandíbula tensándose ligeramente al verla alejarse con tanta prisa a ver a otro lobo. No eran celos lo que sentía, se dijo a sí mismo, sino molestia por la interrupción. Aun así, la siguió con pasos firmes. Arianne bajó al salón principal donde la tensión era palpable, los guerreros de Axel permanecían alertas, mientras los miembros de la manada observaban con recelo, buscó entre los presentes hasta que lo vio. —¡Rowan! —exclamó. El lobo giró el rostro y la sorpresa se dibujó en sus facciones. —¿Arianne? Ella corrió y lo abrazó con fuerza y ante su cercanía, Axel que la habia seguido se tensó y se aclaró la garganta interrumpiendolos. —Creo que no es momento para sentimentalismos, debemos continuar. Ellos se apartaron y Rowan sonrió a su amigo. —Creo que aún hay tiempo —dijo y miró a Arianne con tristeza—. Lo siento tanto, Arianne... ese infeliz... —Lo pagará —respondió ella con voz temblorosa—. Cada gota de sangre, cada lágrima. No descansaré hasta verlo destruido por lo que hizo a mis padres. Mientras Rowan hablaba con Arianne, Axel lo observaba y un instinto posesivo surgió, quizás alimentado por el recuerdo de aquellas palabras que Arianne le había dicho: que lo amaba. A él. Solo a el. Y de alguna manera eso lo había marcado de una forma que no podía explicar. Razón por la que se acercó a Arianne, la agarró del brazo y la atrajo hacia sí. —Deja de mirarla como si fuera tuya para salvar —siseó a Rowan. Su amigo parpadeó, sorprendido, y luego soltó una risa breve, sacudiendo la cabeza. —No seas idiota, no olvides que ya estoy casado. Axel no respondió, pero su postura se tensó todavía más. —Bien —dijo Rowan ignorando la cara de perro de su amigo y sentándose en una de las sillas—. ¿Sabes del problema de Axel? ¿De su condición? Arianne asintió. —Lo sé. Sé que necesita recargar su energía para sobrevivir. —¿Y aceptaste ser su recarga? Arianne asintió otra vez. —Seré su recarga. Mi energía lo fortalecerá, le dará lo que necesita para combatir su condición y él... me ayudará a cobrar venganza. La perplejidad cruzó el rostro de Rowan al instante. —¿Así de fácil? Axel, ¿ella realmente entiende lo que eso significa? El lobo se mantuvo impasible, ahora apoyado contra la pared. —Sí, lo sabe. Rowan se puso de pie de un salto, con el rostro enrojecido por la indignación. —¡Por todos los dioses! ¿Estás hablando en serio? —espetó, mirando a su amigo—. ¿Pretendes tomarla como tu amante después de todo lo que ha sufrido? ¿Así es como tratas a una princesa loba? —Es un acuerdo mutuamente beneficioso —respondió el otro con frialdad. Rowan los observó a ambos, procesando la información y luego se pasó una mano por el rostro, claramente frustrado, caminó de un lado a otro antes de detenerse abruptamente. —No. Esto no está bien —afirmó—. Hay una solución más permanente. Una que le dará a Arianne el respeto que merece. —¿Qué? —inquirió Axel. —Debes hacerla tu luna. Después de las palabras de Rowan, el silencio que siguió fue absoluto. Arianne contuvo la respiración, con los ojos muy abiertos, mientras que Axel se quedó completamente inmóvil. Pero Rowan no dejó que el silencio se extendiera, se volvió hacia su amiga. —Arianne. Tú no eres una prostituta; eres una princesa, una loba de alto rango, una guerrera que ha luchado por su manada y mereces que te den tu lugar, no un trato temporal. Asi que, o te hace su luna... o no hay trato.






