ACEPTÉ SER LA LUNA DE UN ALFA QUE NO AMA
ACEPTÉ SER LA LUNA DE UN ALFA QUE NO AMA
Por: Paulina W
C1-DÉJAME EN PAZ, ARIANNE

C1-DÉJAME EN PAZ, ARIANNE

Arianne nunca creyó en milagros... hasta que el lobo que amaba murió en sus brazos.

—No puedes dejarme así —susurró, quebrada, acariciando su rostro inerte—. Me prometiste que estaríamos juntos, Axel. ¡Me prometiste que seríamos uno! ¡QUE ME HARÍAS TU LUNA!

Las lágrimas caían sobre el pecho inmóvil del lobo mientras ella apoyaba su frente contra la de él, respirando su aroma por última vez, el dolor era tan intenso que sentía como si le hubieran arrancado una parte de su alma.

Habían peleado juntos en la guerra contra Lilith, la reina vampiro. Y ella, como princesa de la Manada de las Tierras del Norte, estaba destinada a casarse con un poderoso Alfa por un pacto político, pero había decidido romper su compromiso, porque había elegido a Axel, el alfa miembro de la manada Cazadores.

Y Axel... había muerto salvándolos a todos.

Por eso ahora, mientras su cuerpo yacía sobre la mesa de piedra preparada para los rituales fúnebres, Arianne sostenía su mano fría entre las suyas, negándose a aceptar la realidad. Sus ojos, hinchados y enrojecidos de tanto llorar, apenas podían enfocar el rostro del hombre que había amado.

—¡Te amo!—sollozo—. ¡¿Cómo se supone que siga adelante?! ¡¿Cómo puedo vivir en un mundo donde tú ya no estás?!

Entonces, algo cambió. La piel de Axel, antes gris y sin vida, comenzó a recuperar color y la herida mortal en su pecho, empezó a cerrarse lentamente.

—¿Qué está pasando? —susurró, con el corazón agitado, limpiándose las lágrimas con manos temblorosas.

Rowan, amigo de Axel y alfa de la manada Cazadores, se acercó, incrédulo.

—No lo sé...

Un segundo después, el pecho de Axel se elevó con una inhalación profunda, sus párpados temblaron... y sus ojos se abrieron de golpe. Pero esa mirada antes cálida y llena de amor, ahora era friadad y casi inhumana.

Aun así, ella estaba emocionada, su corazón latiendo desbocado al ver al hombre que amaba volver a la vida.

—¡AXEL! —Exclamo y se lanzó sobre él, abrazándolo con toda la fuerza que le quedaba—. ¡Estás vivo! ¡Por la Diosa, estás vivo!

Ella había rogado a la Diosa hasta quedarse sin voz. Había suplicado de rodillas, ofreciendo su propia vida a cambio, desgarrándose el alma en cada plegaria para que le devolvieran a su amor perdido y la Diosa había escuchado.

Tenía que haberlo hecho, porque él estaba allí, había vuelto.

—Aquí estás... mi amor… —dijo entre lágrimas y tocando su rostro con manos temblorosas—. Volviste a mí. Sabía que lo harías. Lo sabía.

Pero Axel no la abrazó. Sus brazos permanecieron rígidos a los costados y su mirada se movió por la sala como si analizara un territorio desconocido.

Entonces ella sintió la diferencia.

—¿Axel?

—Sí.—respondió él sin emoción.

La sonrisa de ella se congeló, transformándose en una mueca de confusión, Rowan quien no estaba mejor, dio un paso con el corazón en la garganta.

—¿Cómo te sientes, hermano?

—Funcional —respondió el lobo, poniéndose de pie con movimientos mecánicos y apartando a Arianne como si fuera un objeto insignificante en su camino—. Los preparativos funerarios son innecesarios, debemos evaluar las bajas y reorganizar las defensas.

Cassian, el padre de Rowan, quien entró en ese momento, se detuvo en seco.

—¿Qué demonios...?

—Padre —dijo Rowan, sin apartar la mirada de Axel—. Él... ha vuelto.

El viejo lobo lo observó con cautela creyendo lo imposible, y Arianne, aún esperanzada pero con un nudo formándose en su garganta, intentó tomar la mano de su mate, pero él la retiró bruscamente, como si su tacto le quemara.

—Axel, ¿me recuerdas? —preguntó intentando encontrar en esos ojos algún rastro del hombre que amaba—. ¿Recuerdas lo que pasó antes de...?

—Recuerdo todos los eventos —respondió él —. La batalla. Mi herida mortal. Tus lágrimas innecesarias.

Arianne sintió que el aire se le escapaba del pecho, su Axel no era así, de alguna forma, ese no era él.

—Tú no.. —murmuró, con el horror dibujándose en su rostro—. ¡No eres él!

Cassian quien había escuchado de casos parecidos lo supo.

—Algo se quedó al otro lado, regreso de la muerte, pero no trajo las emociones consigo.

Arianne, en ese punto ya estaba desesperada, con el corazón rompiéndose en mil pedazos, pero una vez más lo tomó de las manos.

—¡¿Recuerdas lo que me dijiste antes de morir?! —sollozo dolida —¿Tus últimas palabras? Me dijiste que me amarías por siempre, que me harías tu luna.

Él la miró sin parpadear y con total indiferencia.

—¿Y? Lo hice, pero... eso ya no significa nada. Fueron palabras de un moribundo.

Esa respuesta la destrozó por completo y sintio que su mundo se derrumbaba por segunda vez. Porque esto era peor que verlo morir. Ya que tenerlo frente a ella, respirando, pero sin el alma que había amado, era una tortura que no había imaginado posible.

—No... tú... tienes que recordar... Tu…

—Eso fue antes de morir, Arianne —respondió él indiferente, apartando la mano que intentaba tocarlo—. Tus intentos de despertar sentimientos que ya no existen son una pérdida de tiempo y de paso molesta.

Él intentó pasar junto a ella, pero Arianne se negó a rendirse.

—¡No! ¡Tú me amas! ¡Tu lobo me reconoce! ¡Blaze me conoce!

—Blaze ya no está —la cortó Axel con una frialdad cruel—. Murió conmigo. ¡Ya no hay lobo que pueda reconocerte, Arianne! Entiéndelo de una vez.

Ella se quedó sin aliento y negó con la cabeza mientras nuevas lágrimas brotaban de sus ojos.

—¡No te creo! ¡Te amo, Axel! ¡Estoy dispuesta a dejarlo todo por ti! ¡Romperé mi compromiso con Ezequiel por ti!

—¿Y qué te hace pensar que quiero eso? —Él la miró impasible —Ese Axel que amabas ya no existe, sería mejor que aceptaras la realidad y dejaras de arrastrarte por migajas de amor.

Arianne se enfureció en su dolor y sus puños golpearon su pecho una y otra vez, con toda la rabia y la desesperación acumuladas.

—¡Regresa! ¡Vuelve! ¡No quiero a este cascarón vacío!

Sus golpes se fueron debilitando hasta convertirse en un agarre desesperado, mientras Axel seguia inmóvil. Pero cuando Arianne intentó alejarse, sintió unas de sus manos sujetándola, la esperanza de que hubiera vuelto completo, fue inevitable.

Pero apenas Axel hablo, esas ilusiones se fueron al traste.

—Déjame en paz, Arianne —exigió—. Tu patética devoción por un hombre muerto es irritante. Vuelve a tu manada y cumple con tu deber. Lo que buscas en mi no existe y nunca volverá a existir.

La soltó bruscamente, casi empujándola, y se alejó.

Por eso, esa noche, cuando el campamento dormía, Arianne tomó una decisión. No podía seguir fingiendo que Axel volvería a ser el mismo. No podía soportar un día más de esa tortura, de amar a un fantasma. Así que se internó en la oscuridad del bosque, abandonándolo todo.

Y cuando estaba más allá de los límites de la manada, una figura alta y robusta emergió de entre las sombras. El corazón de Arianne se detuvo al reconocer el aroma, era uno que había intentado evitar.

—¿A dónde vas con tanta prisa, futura esposa? —La voz de Ezequiel resono en la oscurida —He recorrido medio reino buscándote.

Él avanzó hacia ella con una sonrisa.

—Se acabó el tiempo de jugar a la guerrera, carino. El pacto de nuestras manadas es sagrado, y he venido a llevarte de vuelta...

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